Hasta fechas recientes los bancos y demás entidades financieras parecían tener una posición muy predominante a la hora de imponer sus condiciones a los clientes y particulares que contrataban sus servicios.

Sin embargo, debido a la profunda crisis del sector, que ha ayudado a poner de manifiesto los desmanes cometidos, y a una mayor conciencia sobre estos asuntos por parte de los Jueces, parece que las tornas están cambiando.

En los últimos tiempos empiezan a ser muy numerosas las sentencias que condenan a prácticamente todas las entidades financieras que operan en España a anular contratos y a indemnizar a sus clientes por los perjuicios causados.

Mi intención en este artículo es analizar uno de estos productos y tratar de explicar cuales son las causas que permiten a los clientes solicitar su nulidad; me estoy refiriendo a los “Contratos de Cobertura sobre Hipoteca” también conocidos como permutas financieras o, en su término anglosajón, “Swap”.

En la mayoría de los casos, las entidades financieras los venden (podríamos decir “imponen”) a la hora de contratar las hipotecas. Y los ofrecen como un producto que protege al cliente contra las variaciones de los tipos de interés. Sin embargo, y a pesar de su apariencia sencilla, se trata de un producto complejo denominado permuta financiera por el que ambas partes (Banco y cliente) se comprometen a intercambiar una serie de cantidades de dinero en fechas futuras, referenciadas a tipos de interés.

Antes de analizar las causas que permiten a los clientes solicitar la nulidad de este tipo de contrato, me gustaría reflejar a título anecdótico (tal vez no tanto) que el término anglosajón “Swap” se puede traducir como “chanchullo”.

Causas de las que se derivan la nulidad:

a) Error en el consentimiento:
El Código Civil establece como uno de los requisitos esenciales para la existencia de un contrato el consentimiento de los contratantes. Añade posteriormente que “será nulo el consentimiento prestado por error, violencia, intimidación o dolo”.
Pues bien, en la mayoría de estos supuestos el cliente, firma un contrato que no entiende
(recordamos que se trata de un producto financiero muy complejo) y guiado por el Director de la Oficina que le ofrece el Préstamo.
Se añade, la circunstancia de que el articulado de este tipo de contratos es incomprensible para las personas con una formación media y no se explica debidamente antes de la firma.

b) Posición dominante del Banco
Por otro lado, las entidades demandadas, conocen perfectamente cuales son las tendencias de los tipos de referencia de estos contratos (suele ser el Euribor), y al ser la parte que redacta e “impone” el contrato, puede modular los tipos que figuran en el contrato para que siempre jueguen a su favor.

c) Clausulas abusivas y falta del deber de información por parte de las entidades financieras.

Todas estas causas, están haciendo que en un porcentaje altísimo se estimen las demandas en las que se solicitan la nulidad de este tipo de contratos, siendo la forma más recomendable para hacerlos las demandas civiles individuales.