Como regla general, este tipo de gastos deben ser pagados por ambos progenitores al cincuenta por ciento.

Sin embargo, este tema resulta una fuente inagotable de conflictos después de una sentencia de separación o divorcio, ya que habitualmente ni las sentencias ni los Convenios reguladores pueden prever la totalidad de posibilidades y si bien no suele haber dudas sobre la obligación de contribuir con los gastos extraordinarios imprescindibles, si suelen generarse controversias en cuanto a la obligación o no de pagar los gastos extraordinarios que no son necesarios.

Para que un gasto sea considerado extraordinario debe cumplir los siguientes requisitos:

  • Ser necesario: es decir, son gastos que hay que cubrir ineludiblemente para garantizar el cuidado, desarrollo y formación del hijo menor que recibe la pensión de alimentos.
    No tener una periodicidad prefijada: ya que si pudiésemos conocer la periodicidad, ya no serían extraordinarios y se podrían tener en cuenta a la hora de fijar la cuantía de la pensión de alimentos.
  • Ser imprevisible: nos referimos a sucesos o supuestos que sean de difícil previsión y que no hayan sido recogidos en la Sentencia o el en Convenio Regulador.
  • Ser acordes y asumibles por el caudal del alimentante: en este sentido se aprecia una mayor sensibilidad por parte de los Tribunales a la hora de tener en cuenta la situación económica por la que estamos atravesando. Aquí también se aprecian distintos grados a la hora de ponderar las posibilidades del progenitor diferenciando si el hijo que ha de recibir la pensión es un menor o ya es mayor de edad.
  • No estar cubiertos por los alimentos o gastos ordinarios: ya que en este caso, y por definición dejarían de ser extraordinarios. Así, por ejemplo, los gastos de libros, uniformes, material escolar, etc, se considera que ya se tuvieron en cuenta a la hora de calcular la pensión y por lo tanto no serían gastos extraordinarios.